La Tailandia desconocida

Un viaje para descubrir la vida, la gente y la cultura con Shadà, en la región de Isaan.


Los viajes de autor

Los viajes de autor, esas palabras tan de moda últimamente…
Y no es que no esté de acuerdo, al contrario: volver a disfrutar de aquello que probablemente ha movido a tantas personas a descubrir nuevos mundos, países con culturas, lenguas y gastronomías diferentes, me parece una gran noticia.
¿O quizá no fueron esos los motivos que nos llevaron a explorar el planeta en el pasado?


Mi llegada a Tailandia

Sea como sea, eso fue lo que me movió a venir a vivir aquí, a este país sorprendente. Podría decir bonito, maravilloso, fantástico —que también—, pero el adjetivo que más me viene a la cabeza es sorprendente.
Sí, ya sé, todo lo nuevo parece sorprendente, y estoy de acuerdo: conocer nuevas culturas siempre lo es.

La Tailandia turística es realmente hermosa, impactante, espectacular diría yo: los paisajes, los templos, la gastronomía… Todo envuelto en una especie de misticismo sereno, muchas veces mezclado con la amabilidad local, sus sonrisas y los colores, esa explosión cromática que a veces resulta abrumadora.

No sé si os ha pasado, pero cuando he visitado algún templo en Bangkok, por ejemplo, esa explosión de belleza me ha hecho mirar a todas partes y a ninguna al mismo tiempo. Es todo tan extremadamente bello que te paraliza.
Si no habéis estado, no dudéis que os ocurrirá.


Otra forma de viajar

Pero no es de eso de lo que quería hablaros, sino de formas de viajar, y más concretamente, de la que a mí me gusta.

Cuando llegué a Tailandia, pasé unos meses en Koh Tao con mi hijo, mientras él hacía un curso de buceo. Koh Tao es un lugar curioso, una isla muy pequeña, preciosa si te gusta explorar el fondo marino. Las inmersiones son espectaculares, la diversidad de fauna marina impresiona.
Por otro lado, hay un inconveniente para mí: la vida nocturna. Mucha gente joven se acerca a la isla no por su vida submarina, sino por la nocturna. Ese, para mí, es el aspecto negativo.

¿Y por qué os cuento esto? Porque en estos lugares tan turísticos es difícil conocer el país real. Me refiero al país de los tailandeses, de las personas, que al final son quienes lo han hecho ser lo que es.


El descubrimiento del noreste de Tailandia

Cuando mi hijo se marchó, decidí dejar la isla. Me dirigí hacia el noreste, pensando en cruzar a Laos por el norte para visitar Vientiane y Luang Prabang. El sur ya lo conocía: las 4000 islas del Mekong, Pakse… un lugar precioso, por cierto.

Me detuve en una pequeña ciudad poco conocida, en la provincia de Loei: Chiang Khan.
Una ciudad tranquila, a orillas del Mekong, un río que me fascina.

Allí —es decir, aquí, donde vivo ahora— conocí a Shadà, con quien empecé una relación.
Fue en ese momento cuando realmente empecé a conocer la Tailandia de los tailandeses, más concretamente la de la amplia y poco conocida región de Isaan, en la provincia de Loei.


Conocer la gente, la cultura, la vida

Aquí he aprendido cómo viven, sienten, ríen, lloran, cómo comen, qué comen, qué les gusta, cómo ven a los extranjeros.
Me adentré en una cultura de gente curiosa, generosa, amable, con carácter, con raíces familiares profundas y un gran respeto por los mayores.

Recuerdo especialmente un momento: los primeros días de conocer a Shadà caminábamos junto al Mekong, por un paseo sin coches, muy tranquilo.
Íbamos charlando —no recuerdo exactamente de qué—, pero de vez en cuando ella arrancaba una hoja y me la hacía probar, o unas semillas de una planta que olía de una forma especial pero que, comidas, sabían aún mejor.
Había plataneros, papayas a lo largo del camino, que podías coger y comer. Me explicaba qué platos preparaban con cada una de aquellas hojas, hierbas, etc.

Aquel momento me hizo darme cuenta de que, durante los seis meses en Koh Tao, no había conocido realmente Tailandia.
Y por eso os recomiendo de corazón que, si queréis conocer la Tailandia auténtica, vengáis a visitar a Shadà.

La Tailandia desconocida

Shadà y su vocación por compartir

La vocación innata de Shadà por dar a conocer su cultura os hará entrar en la vida de los tailandeses de una forma mucho más real.
Le encanta que probéis los platos típicos de la región de Isaan —que tienen poco o nada que ver con los del resto de Tailandia—: el picante más de chiles que de jengibre, las salsas de pescado, los insectos, los mangos…

Le gusta enseñar a cocinar, compartir las comidas en familia y con amigos, comiendo en el suelo y con las manos, como hacen los tailandeses que viven en esta zona.
Las habilidades artesanales de sus padres, haciendo cestas y tejidos; la plantación de caucho de su hermana y su cuñado; y una familia muy extensa, donde podréis visitar plantaciones de arroz.


Una invitación desde el corazón

Si ya habéis estado en Tailandia, o si aún no lo habéis hecho, tenéis la oportunidad de descubrir la Tailandia desconocida, desde dentro, rodeados de gente amable que disfruta mostrando su artesanía, su lengua, en definitiva, su cultura.

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